Lo que más recuerdo de Ticomán eran los días de cuaresma, cuando el olor a pan de queso y tamales de ceniza comenzaban a emanar de todas las casas. Que decir de la miel de maguey con la que mamá bañaba las sabrosas pero engordadoras torrejas. Eran los días en que el ganado y las aves de corral hacían su fiesta, pues durante cuarenta días la muerte los dejaría en paz. Todo el pueblo se cubría de un silencio espeso, incluso a los niños se nos tenía prohibido organizar juegos donde el despapalle y la algarabía fueran los protagonistas. Uno prefería quedarse en casa y conformarse con jugar por las tardes un partido de damas chinas o escuchar cuando la abuela después del rosario era la encargada de narrar las historias en las que nuestro señor había muerto por nuestros pecados y era cuando yo me cuestionaba ¿nuestros? Si yo ni siquiera había nacido cuando él llegó a este mundo. Tal vez fue mi primer cuestionamiento de muchos que durante la adolescencia me causarían conflictos con mi madre.
ResponderEliminarLo que más recuerdo de Ticomán eran los días de cuaresma, cuando el olor a pan de queso y tamales de ceniza comenzaban a emanar de todas las casas. Que decir de la miel de maguey con la que mamá bañaba las sabrosas pero engordadoras torrejas. Eran los días en que el ganado y las aves de corral hacían su fiesta, pues durante cuarenta días la muerte los dejaría en paz. Todo el pueblo se cubría de un silencio espeso, incluso a los niños se nos tenía prohibido organizar juegos donde el despapalle y la algarabía fueran los protagonistas. Uno prefería quedarse en casa y conformarse con jugar por las tardes un partido de damas chinas o escuchar cuando la abuela después del rosario era la encargada de narrar las historias en las que nuestro señor había muerto por nuestros pecados y era cuando yo me cuestionaba ¿nuestros? Si yo ni siquiera había nacido cuando él llegó a este mundo. Tal vez fue mi primer cuestionamiento de muchos que durante la adolescencia me causarían conflictos con mi madre.